
Directora: Anne Fontaine
Año: 2014
Intérpretes: Fabrice Luchini, Gemma Arterton, Jason Flemyng, Isabelle Candelier, Niels Schneider, Mel Raido
En un pequeño pueblo de Normandía un hombre, Martin, tras una vida estresada en la ciudad, vuelve a sus orígenes y se hace cargo del negocio familiar: una pequeña panadería, que le da una nueva vida y en la que se vuelca para sacar adelante a su esposa y a su hijo adolescente. La llegada de unos ingleses a la casa de al lado, con un apellido, Bovery, y unos nombres, Gemma y Charles, muy parecidos fonéticamente a los protagonistas de la gran obra de Gustave Flauber, “Madame Bovary”, desencadena toda una serie de acontecimientos con más o menos dramatismo, salpicados con alguna gota de humor. El panadero, quiere ver el sus vecinos, y su estilo de vida, una recreación del libro de Flaubert que extrapola a su antojo para adaptarlo a su imaginación. Para él todo lo que sucede está supeditado a algo que está ocurriendo en cada momento de la vida de los que constituyen esa pequeña comunidad en la que todos se conocen. Con una imaginación, avivada por el deseo que siente cada vez más fuerte hacia su vecina, Martin da mil y una vueltas a su cabeza para justificar, en su mente, cualquier actitud de Gemma y Charles hacia los demás y hacia ellos mismos. Los encuentros que hace parecer casuales, las visitas a la casa de los vecinos y los momentos que se ven en la panadería, no son sino ilusiones de algo que sueña pero que, el fondo sabe, no logrará conseguir. Mientras, Gemma una mujer abierta, con un toque de inocencia, bondadosa y con pasado que nadie conoce, comienza a descubrir el ambiente vecinal, los mercadillos, a otros vecinos y se enfrasca en su trabajo de interiorista. Asistimos entonces a un choque entre dos personalidades contrapuestas, una joven desinhibida, con aires románticos y otra madura, imaginativa, con deseos sensuales (si, sensuales, no sexuales explícitamente), que harán confundir al panadero entre la realidad y la ficción, para revivir en su mente lo que ocurría en la novela de Flaubert. Los paseos por el campo, los consejos que le piden y la ilusión por ver a su vecina, aunque sea a lo lejos, van enredando la madeja de tal manera que puede desembocar en una serie de situaciones, más o menos, peliagudas y que sorprenden al espectador. La aparición de otros personajes, sobre todo ligados a Gemma, dará un vuelco a la situación y convertirá el pueblo “donde la vida se toma en serio”, según palabras de un personaje de la película, en una espiral de situaciones que es difícil de parar y que nadie sabe cómo puede acabar.


