Perros de presa -crítica-

Dirección: Adrian Panek

Intérpretes: Kamil Polnisiak, Ncolas Przygoda, Sonia Mietielica, Danuta Stenka, Jakub Syska, Helena Mazur, Krsystztof Durski 

Año: 2018

Distribuye: Cinemaran

Ambientada en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, un grupo de niños que han sido liberados de un campo de concentración nazi, tienen que afrontar el hambre y la sed, así como lidiar con unos perros agresivos, tras acabar en una mansión abandonada en el bosque.

Con estos mimbres: gran casa en medio del campo, un grupo de niños de diferentes edades, unos violentos perros que les acosan y la falta de comida y agua, el director nos mantiene en vilo toda la película para demostrar que, cuando se conjugan diversos ingredientes (ya por sí solos inquietantes), el espectador sufre por lo que ve en la pantalla y, a veces, por lo que no ve…

Tras la liberación del campo de concentración, todo parece cambiar, los jóvenes son llevados a una gran mansión aislada en medio de un bosque pero, pronto se dan cuenta que sus vidas no están a salvo, unos feroces perros les rodean impidiéndoles salir de la casa, por lo que tras acabar la poca comida y agua que les queda, empiezan a preguntarse si su salida del campo de prisioneros fue realmente una liberación.

Los mayores se encargan de organizar una situación donde el miedo, el aislamiento y el hambre comienzan a hacer mella en sus sentimientos y en su resistencia. Procuran unir las escasas fuerzas que aún les quedan para luchar contra esos animales que, a veces, parece que piensan como humanos.

Surgen conflictos por cosas nimias, la tensión se apodera de las situaciones y, aunque los de más edad intentan sobreponerse a la situación, lo cierto es que los días pasan sin atisbar una salida para ese grupo de personas que, en ciertos momentos y situaciones, se parecen más de lo que quisieran a sus acechadores.

Toda la acción recae en los jóvenes intérpretes que, desde los más pequeños a los mayores, llenan con su presencia la pantalla, saben transmitir la angustia y el temor de una situación en la que se encuentran inmersos, a base de gestos, miradas y expresiones corporales que les salen con la mayor naturalidad, como si llevaran toda su vida actuando pese a sus cortas edades.

Buena película que, envuelta en una estupenda banda sonora que realza toda la tensión y el miedo a lo largo de la historia, nos mantendrá con el corazón en un puño, para saber que le ocurre a este grupo de chavales en unos paisajes, en otro momento, idílicos, pero ahora convertidos en cómplices de esa jauría que rodea la gran casa. 

Acerca de Luis Alberto Jiménez

Me gusta el cine y todo lo relacionado con él. Autor del libro "La discapacidad en el cine en 363 películas". Colaborador de Onda Cero Madrid Norte, con un espacio de "Cultura de Cine" y de la revista "Versión Original" de Cáceres, donde cada mes hablo sobre una película relacionada con un tema que propone la dirección.
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