La vida y nada más -crítica-

La vida y nada más -foto-Director: Antonio Méndez Esparza

Año: 2017

Intérpretes: Regina Williams, Andrew Bleechington, Robert Williams, Ry’nesia Chamberszz

Distribuye: Wanda Visión 

Una familia afroamericana compuesta por una madre soltera y sus dos hijos, un adolescente de 14 años y una niña de 3, son los protagonistas de esta intensa y emotiva película, segundo trabajo de su director, que aborda de manera clara y directa varios de los problemas sociales que se suelen dar en esta clase de unidad familiar.

Con unos personajes perfectamente definidos y dibujados, sin grandes parrafadas ni largas conversaciones, vamos entrando en la vida cotidiana de esta familia a través de su día a día en los lugares comunes de trabajo, vivienda y ocio.

El pequeño apartamento donde habitan nuestros tres protagonistas principales se convierte en el escenario más importante, ahí la madre, sus hijos y algún otro personaje que entra en sus vidas, desarrollan sus esfuerzos por salir delante de unas situaciones, angustiosas en algún momento, que irán marcando el devenir de estas personas a las que la vida parece no querer dar otra oportunidad.

La protagonista, Regina, una “madre coraje” como otras muchas mujeres que deben sacar adelante sola a su familia, tiene un carácter fuerte, pero necesario, para lograr mantener a flote las continuas zozobras en la que se ve inmersa. La desobediencia de su hijo mayor y las relaciones que intenta comenzar con otros hombres para no sentirse sola, marcan a esta mujer que no quiere ni debe derrumbarse, física ni anímicamente, para no dejar huérfanos, literalmente hablando, a sus hijos. No me extraña que Regina Williams esté nominada a mejor actriz en los Independent Spirit Awards 2018 (los Oscar del cine independiente), puesto que sin ser profesional (como el resto del reparto) da un toque humano, con sus dosis de sufrimiento, a un personaje que lleva el peso de la historia.

La rebeldía del adolescente, típica de esas edades, está bien reflejada a través de sus largos silencios, su lucha interna entre lo que le dice su madre y las ansias de “libertad”, entre el gran amor que siente por su hermana pequeña y la defensa de la familia (en concreto de la madre) a la que quiere pero a la que se enfrenta por temor a que la hagan daño externamente. La indisciplina que preside su conducta se entiende como un grito de auxilio para no acabar en prisión como su padre, con el que no se lleva bien.

En resumen buena película que retrata un tema social, algo que Antonio Méndez ya nos había presentado en su primer largo, con buen manejo de la cámara, con apuntes sobre la dificultad de criar unos hijos estando sola y con las ansias de lograr salir adelante en una vida marcada por la incertidumbre y la desilusión.

Acerca de Luis Alberto Jiménez

Me gusta el cine y todo lo relacionado con él. Autor del libro "La discapacidad en el cine en 363 películas". Colaborador de Onda Cero Madrid Norte, con un espacio de "Cultura de Cine" y de la revista "Versión Original" de Cáceres, donde cada mes hablo sobre una película relacionada con un tema que propone la dirección.
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