
Director: Ryan Coogler
Año: 2015
Intérpretes: Sylvester Stallone, Michael B. Jordan, Tessa Thompson, Phylicia Rashad
Séptima entrega de una saga que nadie pensaba que iba a llegar cuarenta años después del primer Rocky, y menos su protagonista Sylvester Stallone. En esta ocasión, el famoso púgil ya entrado en años, cansado y sin relación directa con el mundo del boxeo, se reencuentra con un joven, hijo de su rival más famoso, Apollo Creed, que le pide sea su entrenador pues cree que el boxeo es su vida. Tras unas dudas y negativas, al final decide enseñarle todos sus trucos para que pelee y comience su carrera deportiva, aunque antes ya había disputado varios combates más o menos oficiales. Con este preámbulo, el director nos presenta una película no de deporte, más bien es un estudio sobre como un hombre recobra una ilusión por algo, por el boxeo y por añadidura por la vida, por enseñar a alguien todo lo que lleva dentro de sí, prestando más atención al lado humano que a los combates. Con referencias constantes a las películas anteriores y más de un guiño, que a los seguidores incondicionales no les pasarán desapercibidos, la relación entre entrenador y pupilo recuerda mucho la de un padre y un hijo. Cómo tienen esos enfrentamientos paterno filiales, que podemos ver en cualquier familia, pero en el fondo se necesitan y luchan por un fin común. Sylvester Stallone da perfectamente el perfil de persona taciturna, que vive sólo y que no tiene mucha relación con los demás, sólo se preocupa de su restaurante y cuando se cruza en su camino el muchacho, revive en él una ilusión que creía perdida, dándole ánimos para volver a luchar por la vida. Si además vemos la película en versión original, tenemos el añadido de la voz, tan característica, que le dota de un dramatismo con el que realza su papel, no me extraña el Globo de Oro obtenido y la nominación a los Oscar® (escribo estas líneas días antes de saber los ganadores), pues creía que este premio era como un homenaje a su larga trayectoria y no, creo que es totalmente merecido esta vez. Los otros protagonistas, Michael B. Jordan y Tessa Thompson, acompañan a Stallone dando el contrapunto de juventud, con ese aire de locura, a una historia que, sobre todo, gustará a los amantes de las películas de Rocky Balboa, en la que no hay tantas escenas de combates como había en las anteriores, aunque los que aparecen están muy bien coreografiados. Una buena fotografía y banda sonora que ayudan a presentar la ciudad de Filadelfia alejada de los lujos y lugares turísticos para adentrarnos en una realidad que muchas veces no vemos pero que está ahí, a la vuelta de la esquina, y que con películas como esta descubrimos. Sobre todo atención a la escena de las escaleras en el Museo de Arte de Filadelfia, lugar emblemático, que define perfectamente el sentido de la película y de su protagonista.


